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| Soy una cubana enredada entre pompas de nieve en el más allá. Vivo en Noruega hace tantos años que ya he perdido la cuenta. En un pueblito situado al sur, donde no pasa casi nada y suelen estresarse sin haber conocido el sabor del apagón, ni el de la guagua que nunca llega. Aquí donde yo vivo los venados se han convertido en parte de mi entorno. Les veo cuando llegan al jardín del vecino para comerse los tulipanes que solo salen en el verano. En el invierno suelen huir del cazador que les anda buscando. La fauna que me rodea me da amor, aquí fue donde comencé entender mucho más la natura. Es que ella me entiende, ella me habla, me acepta. A su lado me doy cuenta que no estoy tan sola en este mundo tan perfecto donde vivo. Me deleito cuando veo a las gaviotas acercarse a mi copa de café y tomar un sorbo en su pico, mientras van revoloteando en mi vista. Eso es algo maravilloso. Ellas se han convertido en mis amigas de primavera. Es en esa época que llegan de regreso nuevamente a mi ventana. Aquí no hay nada regado, no hay colas, ni ese doble sentido, no hay vecinos que griten de esquina a esquina, ni calles aglomeradas tejidas de carcajadas, eso se extraña. Me siento feliz cuando camino mi Habana, cuando respiro ese olor a verano eterno, cuando veo mis costas que bañan los arrecifes de tiempos lejanos, cuando me encuentro cubanos de aquí de allá. Cuando puedo hablar mi lengua, pensar en mi idioma sin que tenga que preocuparme si lo dije bien o mal. Soy feliz cuando alguien me regala un abrazo, cuando me hago amigos de aquí, de allá. Cuando me regalan una sonrisa al comenzar de mis mañanas. Soy una mujer que ama la vida y que piensa que cada día es el perfecto para dar amor, sentirse amado y dejarse amar. Soy Azucala una mujer como otras pero en el fondo bien diferente.
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